Quienes contraten un curso de motivación pensando que el relator irá a motivar a las personas, están tremendamente equivocados. Botarán su plata si la pagan pensando que irán a "darle cuerda a los empleados" para que les dure todo el año.

Antes que todo, nadie puede motivar a otra persona, porque la motivación es un proceso interno, un proceso íntimo de cada uno, pensar lo contrario significaría creer que cada uno de nosotros tendría una cuerda y al igual que los juguetes, necesitaríamos que "alguien" la gire para comenzar a movernos, eso significaría que siempre dependeríamos de otros para hacer cosas que nos demandaran un gran esfuerzo.
Felizmente la realidad no es así, la motivación está dentro de cada uno, lo importante es descubrir que factores la activan.
Dos motivadores por excelencia, son "los objetivos y las expectativas". El logro de un objetivo nos motiva a hacer las cosas que sean necesarias para conseguirlo, y lo haremos con satisfacción, porque la expectativa de cumplir ese objetivo es vitalizante, nos da satisfacción: Formar una familia, subir el Everest, educar a nuestros hijos, lograr exito laborar, tener un tìtulo profesional, ser el mejor en alguna disciplina, todo es "razonablemente" posible si nos fijamos un objetivo poderoso. Y lo más sorprendente es que estaremos dispuesto a cualquier esfuerzo si queremos conseguirlo.

Entonces, ¿basta con tener un objetivo para motivarse? En toría si, la historia de la humanidad nos muestra muchos ejemplos de personas, equipos y pueblos que con un objetivo poderoso vencieron todos los obstáculos y lograron lo que se propusieron. Pero en la práctica no es tan sencillo, la dificultad está en la busqueda de esos objetivos. Cada personas tiene los suyos y aveces no es fácil encontrarlos, porque están escondidos en las profundidades de una identidad bloqueda por mil factores personales, familiares y sociales. En otras palabras, cuando hemos estado toda la vida persiguiendo objetivos que no son los nuestros, es inicialmente difícil descubrir los propios. Y creo que aquí radica una de las dificultades para lograr que las personas se motiven.
Entonces, una charla motivacional no es ir a "darle cuerda" a los asistentes; sino mostrarles el verdadero proceso de la motivación y entregarles herramientas que les permitan encontrar sus objetivos fundamentales que les motivarán a ponerse en movimiento.







